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Wednesday, May 26, 2021

Mass media y mis queridos tragacionistas

 


Para empezar, quiero mostrar (en pocos sitios está accesible) el artículo de Juan Manuel de Prada del 15 de marzo del 2021 en El Semanal. El título es genial y parte de la polémcia se "fabricó" con las declaraciones de Victoria Abril sobre la pandemia. 

https://www.xlsemanal.com/firmas/20210315/tragacionistas-juan-manuel-prada.html

Hace apenas unas semanas, unas declaraciones de la actriz Victoria Abril sobre la plaga coronavírica y los remedios que se han arbitrado para contenerla provocaban gran escándalo entre los biempensantes que babean de fascinación idolátrica cuando cualquier famoso pontifica sobre el cambio climático, o sobre el fascismo, o sobre cualquier otro asunto del que no tiene ni puñetera idea, ensartando topicazos sistémicos. Que es, por cierto, lo que hacen casi siempre los actores famosos: vomitar como loritos las paparruchas y lugares comunes que interesan a los que mandan, para obtener a cambio mejores contratos y el aplauso gregario de las masas cretinizadas.

Habría que empezar diciendo que la opinión de la actriz Victoria Abril sobre la plaga coronavírica tiene el mismo valor que -pongamos por caso- la opinión del actor Javier Bardem sobre el cambio climático. Sin embargo, las paridas y lugares comunes sobre el cambio climático que el actor Javier Bardem repite como un lorito desde las tribunas más encumbradas son consideradas dogma de fe por los biempensantes. Puede que la actriz Victoria Abril soltase también algunas paridas sobre la plaga coronavírica; pero, al menos, no prodigó los lugares comunes pestíferos que suelen soltar sus compañeros de profesión (más pestíferos cuanto más famosos son). Y, junto con algunas paridas y observaciones dudosas, Victoria Abril soltó también algunas verdades como templos que merecen nuestra consideración; y, en algunos casos, nuestro aplauso ante su valentía, pues por atreverse a pronunciarlas firmará en los próximos años menos contratos (que se repartirán las actrices que ensarten con mayor entusiasmo las paparruchas sistémicas que interesan a los que mandan). Por lo demás, las paridas y observaciones dudosas que Victoria Abril deslizó en sus declaraciones se pueden refutar tranquilamente, sin necesidad de desprestigiarla, como hacen los los jenízaros del discurso oficial [que] pretenden convertirnos en ‘tragacionistas’; o sea, en botarates que se tragan las versiones oficiales y las repiten como loritos o actores comprometidos (con su bolsillo y con la bazofia sistémica circulante).

Sólo los tragacionistas se niegan a aceptar, por ejemplo, que China ha ocultado deliberadamente (con la ayuda impagable de los mamporreros de la OMS) los orígenes del virus. Sólo los tragacionistas se niegan a reconocer que la plaga coronavírica ha propiciado los más variopintos experimentos de biopolítica e introducido prácticas de disciplina social completamente arbitrarias e irracionales (empezando, por cierto, por el uso de mascarillas en espacios abiertos) que se ciscan en los tan cacareados ‘derechos’ y ‘libertades’ de las antaño opíparas y hogaño escuálidas democracias. Sólo los tragacionistas se niegan a asumir que la plaga ha sido utilizada como excusa por gobernantes psicopáticos para devastar las economías locales, provocando la ruina de infinidad de pequeños negocios, condenando al paro a millones de personas y favoreciendo la hegemonía de las grandes corporaciones transnacionales. Sólo los tragacionistas se niegan a discernir las burdas manipulaciones, medias verdades y orgullosas mentiras que han propagado nuestros gobernantes y sus voceros mediáticos durante el último año. Sólo los tragacionistas se niegan a discutir la eficacia de medidas restrictivas caprichosas y confinamientos desproporcionados que, además, han tenido altísimos costes sociales y económicos. Sólo los tragacionistas se niegan a admitir que las vacunas son una terapia experimental que se está administrando sin cumplir los plazos y los protocolos de seguridad establecidos y cuyos efectos secundarios no se han explorado suficientemente (aunque, desde luego, sus efectos bursátiles sean de sobra conocidos). Sólo los tragacionistas, en fin, se niegan a examinar todas estas evidencias, tal vez porque si lo hicieran tendrían que confrontarse con su estupidez gregaria y su sometimiento lacayuno a las consignas sistémicas.

Son estos tragacionistas, pues, los auténticos negacionistas, que con tal de sentirse abrigados en el rebaño renuncian a la "nefasta manía de pensar". Pues el "negacionismo", aparte de un empeño desquiciado en prescindir de la realidad, es también un anhelo gregario, una penosa necesidad de buscar protección y falsa seguridad en conductas tribales. Y no hay conducta más tribal que tragarse las versiones oficiales sin someterlas a juicio crítico, señalando además como réprobos a quienes osan ponerlas en entredicho. Tal vez esos réprobos suelten de vez en cuando alguna gracia; pero al menos no regurgitan el pienso que se reparte a los borregos. 



La gente quiere volver a la "normalidad" y lo que los medios nos han vendido durante meses es que eso vendrá "gracias" a la vacuna. Claro, por una parte, los medios ya nos van preparando que con 2 dosis no será suficiente. En al gunos casos se necesitará la tercera dosis (y luego nos irán preparando para que todos los años nos tendremos que vacunar... y millones para las grandes farmaceuticas y, bla, bla, bla).



Mientras tanto, ya no se pueden ocultar en nuestro entorno cercano casos y casos (aunque se muestren con cuenta-gotas y explicaciones manipuladoras) de las "víctimas" de lo que nos iba a llevar a la nueva normalidad: 





Por otra parte, la famosa AstraZeneca como ha sido suspendida en muchos países europeos y del resto del m



undo, los que sólo han recibido la primera dosis ahora están en un limbo. Una mujer navarra ha escrito recientemente en Diario de Noticias de Navarra una carta al director pidiendo que le den ya la segunda dosis (la primera fue de AstraZeneca), porque eso será (ay pobre inocente!) lo que le devuelva a la normalidad: 



"No sé ni por dónde empezar, porque indignación es poco para lo que siento. Soy una trabajadora a la que se le administró la primera dosis de Astrazeneca. No nos quedó otra que aceptar la que nos vino, y además agradecidos porque también nos sentíamos privilegiados al poder ser vacunados y empezar a ver la luz al final de este túnel eterno. Ya entonces se hablaba de que era la mala porque había tenido fallos en los ensayos clínicos, porque tenía menos efectividad que la de Pfizer, y porque ya se empezaban a denunciar casos de trombos tras su administración. Cuando recibí la cita tuve mis reticencias, pero me alegré y decidí que me iba a vacunar y, como digo, me sentí privilegiada. "

Claro, a esta mujer se le "ofreció" que fuera cobaya de la AstraZeneca, y ella se fió de lo que "le vino". Sin prescripción facultativa, sin ella  consultar si le puede venir bien o mal. La que "nos vino". Y fíjense en qué nivel de desesperación está la gente que está dispuesta a sufrir cualquier riesgo "vacunador" con tal de cumplir lo que las autoridades nos dicen, con la esperanza (falsa!) de recuperar esa "normalidad" esa "libertad" precovid: 

"A mí me gustaría recibir la segunda dosis que me corresponde de Astrazeneca, aunque tenga riesgo."

Y es que los medios nos mostraron como heroes a los primeros que se vacunaban, como si estuvieran haciendo un bien por la humanidad y como si fueran los que nos llevarían a la "nueva normalidas". Ahora, esos medios no pueden ocultar que los que se vacunaron al principio (y no tan al principio) están empezando a "caer": 





Tomado de aquí: https://www.elmundo.es/internacional/2021/05/26/60ae082dfdddff7b1e8b45fe.html

Murió de trombosis cerebral, claro. 

Los medios también han sido la correa de transmisión de los gobiernos de turno, para manejar el miedo de la población hacia lo que las élites (con la ayuda de los gobiernos locales "lacayos") querían. Cuando en Europa se empezaban a prohibir el Astra Zeneca, los medios metían miedo a los que se habían vacunado y rechazaban el Astra Zéneca como segunda dosis: 


Terrorismo de Estado. Terrorismo de Estado de las autonomías, con los medios de comunicación como ejecutores. 



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